Este 26 de enero de 2026, mientras el mundo celebra el Día Internacional de la Educación Ambiental, nuestra ciudad no tiene motivos para festejos vacíos. Villa Gobernador Gálvez, el gigante industrial y la tercera urbe más poblada de Santa Fe, se encuentra hoy en una encrucijada crítica: avanzar hacia la sustentabilidad o quedar sepultada bajo sus propios desechos.
La pregunta es directa: ¿Es VGG una ciudad contaminada? La respuesta, lamentablemente, es un sí rotundo. El nivel de contaminación actual oscila entre moderado y alto, dependiendo del barrio que se transite.
El perfil industrial de la ciudad, si bien es el motor económico, ha pasado factura. La contaminación es una sombra persistente que se manifiesta en dos frentes: el aire, viciado por emisiones fabriles y las constantes quemas, y el agua, donde el daño parece ser estructural.
Lupa sobre la industria: Se ha registrado un incremento en las inspecciones sobre el tratamiento de efluentes en el cordón industrial, buscando que el progreso no sea a costa de la salud pública.
Las sombras: El fracaso en la gestión de residuos y el olvido del Saladillo
Sin embargo, las «deudas pendientes» pesan más que los logros. La realidad golpea al caminar por las zonas críticas:
El Arroyo Saladillo, una herida abierta: A pesar de los anuncios, sigue siendo un «colector a cielo abierto». Los vertidos clandestinos y la basura doméstica lo mantienen como uno de los puntos más degradados de la región.
La trampa de los microbasurales: En los barrios periféricos, la ineficiencia en la recolección ha normalizado los basurales espontáneos. La solución vecinal suele ser la quema, una práctica que libera toxinas peligrosas directamente a los pulmones de la comunidad.
Hambre de verde: VGG sigue muy por debajo de los metros cuadrados de espacios verdes por habitante recomendados por la OMS. El cemento y los galpones le ganan la pulseada a los parques.
La educación ambiental en nuestra ciudad no puede ser un concepto abstracto. Para que Villa Gobernador Gálvez deje de ser vista como un sector de sacrificio, se necesita una política de estado agresiva y un compromiso civil inquebrantable.
Llegamos a este 2026 con una ciudad que intenta despertar de décadas de descuido. El aire que respiren las próximas generaciones depende de lo que decidamos limpiar hoy.
